Autor: Gerardo Wilson
La Venezuela que recibió Juan Vicente Gómez al tomar el poder en 1908 —tras perpetrar un golpe de Estado contra su compadre y presidente, Cipriano Castro— era un país esencialmente agrícola, sumido en una profunda crisis fiscal y con una economía dependiente del café y el cacao. Para 1935, tras la muerte del general Gómez, la nación había experimentado una transformación radical: ya no era un país rural endeudado, sino un próspero exportador de petróleo. Sin embargo, este salto cuantitativo esconde una historia de dependencia, concentración de la riqueza e impacto social profundamente desigual que marcó el devenir del país.
El despertar del gigante: del Táchira al Zulia
La historia petrolera venezolana no comenzó con Gómez. El 12 de octubre de 1878, un grupo de empresarios tachirenses fundó la Compañía Petrolia del Táchira y perforó el pozo Eureka-1 en la hacienda La Alquitrana, cerca de Rubio, estado Táchira. Esta iniciativa, aunque precaria, representó el primer intento de explotación comercial del crudo en el país.
Sin embargo, el verdadero parteaguas llegó bajo la dictadura gomecista. El 31 de julio de 1914, el pozo Zumaque-1 —perforado por la Caribbean Petroleum Company (filial de la Shell) en el cerro La Estrella de Mene Grande, estado Zulia— entró en producción comercial a gran escala. Este hallazgo atrajo la atención mundial y desató una "fiebre del oro negro" que transformó la geografía económica nacional. La bonanza se consolidó con el célebre "reventón" del pozo Barroso-2 en Cabimas, el 14 de diciembre de 1922, que brotó sin control a una tasa estimada de 100 000 barriles diarios y posicionó a Venezuela como un productor de talla mundial. Para 1929, el país se había convertido en el segundo productor del mundo y en el primer exportador global de crudo.
Regalías, acuerdos y la cesión de la soberanía
La dictadura Gómecista estableció un marco legal y fiscal que resultó excepcionalmente ventajoso para las compañías extranjeras. Las concesiones se otorgaron sin mayor control tanto a particulares como a empresas, ajustando las condiciones del negocio a la conveniencia de estas últimas. La primera Ley de Hidrocarburos, promulgada en 1920, introdujo el concepto de regalía al fijarla entre un 8 % y un 15 %; sin embargo, en los inicios de la actividad, la regalía descendió hasta un escaso 3 %. A modo de comparación, décadas después el presidente Isaías Medina Angarita elevaría esta tasa al 16,66 %.
El mecanismo de control estatal se centralizó en 1923 con la creación de la Compañía Venezolana de Petróleo (CVP), una entidad formalmente privada, pero bajo el dominio efectivo de Gómez. La CVP adquiría reservas nacionales y las negociaba con terceros, convirtiendo el recurso en un instrumento de poder personal.
Uno de los acuerdos más significativos fue el suscrito en París en octubre de 1927, el cual implicó la transferencia de más de 1 500 000 hectáreas para exploración y 210 000 hectáreas adicionales para explotación efectiva. Incluso en 1924, Gómez recurrió a una supuesta alianza con un grupo financiero alemán como mecanismo de presión frente a Estados Unidos, buscando afianzar su control geopolítico y personal sobre las reservas.
Tecnología: un conocimiento que no se quedó
Si bien las compañías extranjeras trajeron consigo una experiencia tecnológica y organizacional acumulada durante medio siglo en exploración, perforación y refinación, ese conocimiento no se transfirió al país de manera sistemática. Venezuela se convirtió en un enclave extractivo donde la tecnología era operada por y para el capital foráneo. No fue sino hasta después de la muerte de Gómez cuando se comenzó a delinear una política activa orientada a la construcción de capacidades científicas y técnicas nacionales.
¿Quién se benefició del petróleo?
Para el pueblo venezolano, la irrupción petrolera significó una modernización incipiente con la construcción de carreteras y vías que facilitaron la comunicación nacional. Además, los ingresos permitieron saldar la deuda externa que había asfixiado al Estado por décadas, impulsaron un crecimiento del comercio —las exportaciones totales aumentaron un 790 % entre 1908 y 1929, al pasar de Bs. 83 millones a Bs. 739 millones— y generaron empleos que atrajeron a miles de campesinos, principalmente hacia el estado Zulia.
Por su parte, la dictadura Gómecista obtuvo un enriquecimiento personal directo, convirtiendo al general y a su entorno en parte de la elite más acaudalada del continente. La renta petrolera sirvió para consolidar el poder dictatorial al financiar la coerción y consolidar un Estado centralizado. Asimismo, el acceso a las concesiones se usó como moneda de cambio para asegurar lealtades y garantizar un crucial respaldo político y económico por parte de Estados Unidos a cambio de condiciones favorables.
Impacto en el Zulia y el resto del país: un arma de doble filo
El impacto de la explotación petrolera fue inmediato y profundo, especialmente en el estado Zulia, cuya estructura socioeconómica fue severamente perturbada por el auge. Se originó una escasez de mano de obra en el sector agrícola tradicional y provocó un marcado efecto inflacionario en la economía local. De este modo, mientras la élite comercial se fortalecía, la élite agrícola veía decaer su poder e influencia.
A escala nacional, el petróleo aceleró el declive de la Venezuela agraria haciendo evidente la disparidad entre ambos sectores. Este fenómeno —conocido como enfermedad holandesa— hizo que el país dependiera cada vez más de un solo recurso, postergando otras áreas productivas. El historiador Edwin Lieuwen documenta cómo la industria petrolera desplazó de forma paulatina a la agricultura que había sido el sustento histórico de la República. Por su parte, el economista e historiador Brian S. McBeth, en su obra Juan Vicente Gómez y las compañías petroleras en Venezuela, analiza en detalle esta relación simbiótica entre la dictadura y el capital extrajero.
Análisis crítico y reflexión: el precio de la bonanza
El período gomecista sentó las bases de un modelo rentista que ha perdurado en el tiempo. La abundancia de recursos, en lugar de diversificar la economía y elevar el nivel de vida de la mayoría, se convirtió en un instrumento de dominación. La riqueza petrolera no se tradujo en educación, salud y bienestar para la población durante el periodo Gómecista, sino que se concentró en el fortalecimiento del aparato represivo del Estado y en el enriquecimiento de la élite en el poder.
Este modelo generó una "esquizofrenia social" que ha servido de sustento político al autoritarismo económico en Venezuela. El petróleo, en lugar de ser un motor de desarrollo autónomo, se transformó en un generador de dependencia. La facilidad con la que el Estado obtenía ingresos sin necesidad de una base productiva sólida debilitó las instituciones y fomentó la corrupción. Como señala el historiador Elías Pino Iturrieta: el aumento de la conciencia sobre el potencial petrolero tuvo el " _pernicioso efecto de incrementar la corrupción y la intriga en el seno de la familia y el séquito de Gómez_ ".
Conclusión
La explotación petrolera bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez fue, en esencia, un pacto desigual. Venezuela experimento una modernización parcial y logro saldar su deuda externa, pero a costa de ceder su soberanía sobre el recurso más valioso de su subsuelo. Las regalías fueron bajas, la tecnología permaneció en manos extranjeras y los beneficios económicos se concentraron en el General Juan Vicente Gómez, su círculo íntimo y las compañías transnacionales. Este período no solo transformó la economía sino que cimentó una cultura política de dependencia y rentismo cuyas consecuencias aún se debaten en la Venezuela contemporánea. El "oro negro", en lugar de ser la bendición que prometía, se convirtió en el látigo que prolongó un sistema de dominación y desigualdad en los siguientes lustros.
