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Aprendo del abuelo


 

Aprendo del abuelo

Autora: Dra. Carolina Escarra.

Tenía 14 años y Carlos Escarrá junto con mi madre nos llevaron a Cuba. Decían que querían que conociéramos la verdad por nuestra propia experiencia. El paquete incluía Copa Cabana, paseos por el malecón y la Habana Vieja, así como el hospedaje en un gran hotel antes de irnos a las playas de Varadero.


LO QUE VIMOS

Sin embargo, con la irreverencia que caracteriza a mi familia, bajamos a la plaza y hablamos con un taxista que tenía un pequeño Lada. Papá le dijo: Vamos a estar algunos días acá. No queremos estar en los paseos turísticos. Queremos que nos lleves a los lugares que ustedes visitan, que podamos comer lo que ustedes comen y que podamos conocer por ustedes, la revolución.

Lo que se escuchaba de Cuba en los medios de comunicación y lo que veíamos en los colegios, era negativo, pues en el mundo estaba posicionada la lucha contra el comunismo, que fue la principal arma de destrucción masiva que ideó el imperialismo de entonces para infundir miedo como estrategia de dominación.

Recuerdo ese viaje como si fuera ayer: frases de mis padres como “vean que no hay niños descalzos, la revolución reparte zapatos”. “Vean que no hay gente viviendo en las calles ni pidiendo para comer o hurgando en la basura”. Además, recuerdo que la comida que nos dieron a comer en la casa del taxista, “ropavieja”, era sabrosa y ellos decían que suficiente.


LO QUE TENÍAMOS EN VENEZUELA

En contraste, en Venezuela, cada vez eran más grandes las diferencias sociales. CEM hablaba del “abismo entre estado y sociedad”. Los 80s, un supuesto boom petrolero y resulta que estábamos internacionalizando PDVSA, pleno viernes negro y se hablaba de bonanza petrolera. El único que pagó la cuenta fue el famoso chinito de Recadi.

En los 90s la gente buscaba en la basura qué comer, a veces le daban sopa de agua a sus niños o comían comida de perro en la otra Venezuela de la que hablaba Alí Primera, con quien por cierto aprendí lo que era el capitalismo a través de sus canciones. Ni hablar de aquellos “zapatos de mi conciencia” y de la cantidad de niños descalzos que se veían en las calles de Caracas.


CUBA

Luego de eso, he trabajado mucho con Cuba. Desde el Convenio Integral de Cooperación con Cuba en los 2000 hasta comisiones mixtas desde Comercio Exterior. Por supuesto, la ALBA, SUCRE aun naciente y esos planes maravillosos. Luego, el Banco del Alba, Petrocaribe, Unasur y hasta Celac desde otros espacios. Sin contar la lucha por los cinco en EEUU cuando fui diplomática en ese país y el apoyo al Movimiento de Amistad y Solidaridad con Cuba.

Por alguna razón, no he regresado a Cuba desde que fui con mis padres.


CUBA Y VENEZUELA

Recuerdo que recién firmado el convenio, no estaba estipulado recibir médicos cubanos. Mi jefa me dijo: esa fue la manera que encontró Fidel para agradecer que incluyéramos a Cuba en el Acuerdo energético de Caracas. Y comenzamos a ver médicos cubanos que se quedaban en casas de venezolanos para atender a las comunidades.

Recuerdo haber visto ingenieros con doctorados que venían de Cuba y comían todos de la misma olla de sopa organizando la reactivación de centrales azucareros en el interior del país. Otros grupos, difundían métodos de alfabetización. Aun no nacían las misiones y ya estaban funcionando, barrio adentro.

Acababa de salir de la Escuela de Estudios Políticos, que aunque bastante plural en sus lecturas no recomendaba especialmente la lectura de los discursos de Fidel y de otros revolucionarios latinoamericanos, algo que es recomendable para entender la realidad del mundo.

Cuento estas cosas porque no puedo hablar de Cuba sin pensar en Fidel.


CONOCÍ A FIDEL

Luego, lo conocí. No en persona, nunca tuve ese honor. Cuando estudié mi maestría en ciencias políticas, estudié el Aló presidente de Chávez, ahí me volví chavista y no dejé de ver y leer el Aló presidente. Conocí a Fidel primero a través de mi padre. Luego, a través de Chávez.

Y a partir de mi regreso al país, no solo me conecté en muchas esferas con la revolución, sino que también empecé a leer y analizar las reflexiones de Fidel, que iniciaron en 2007. Me inscribí en el PSUV y comencé este camino que aún transito, porque es el camino en el cual creo.


APRENDÍ

En las reflexiones de Fidel, aprendí no solo sobre la revolución, la organización, volví a estudiar a Lenin y Marx a través del prisma de Fidel. Vi la unidad latinoamericana en un contexto distinto al de Bolívar y Miranda con el proyecto de la Anfictionía o de la América Meridional. Aprendí que aún después del llamado “fin de la historia”, la historia se encontraba más viva que nunca.

Aprendí que si lo hacen los pueblos, bien guiados por líderes que quisieran y entendieran el socialismo bolivariano, otro mundo es posible.

También aprendí a ver otras ideas sobre las relaciones internacionales. En la universidad hablamos de realismo e idealismo, de teorías eurocéntricas y estadounidenses, pero poco hablamos de la riqueza intelectual y de acción latinoamericanista o africanista y mucho menos la asiática.

En los discursos de Fidel, pero especialmente en sus reflexiones, aprendí sobre los peligros del sistema capitalista para la extinción de la humanidad. Aprendí sobre el imperialismo y los otros ismos como el sionismo, del que en otros espacios no se hablaba.

Aprendí sobre el estado profundo que gobierna en las sombras. “El imperio por dentro” y “el imperio mundial”, además del complejo militar industrial que luego se ha venido convirtiendo en financiero comunicacional, cada vez más manejado por algo artificial a lo que le falta lo humano.

Aprendí que un presidente de EEUU podía estar atado y no cumplir sus promesas de campaña como sucedió con Obama, y el por qué, con pruebas y con mucho detalle.

Aprendí sobre el genocidio en Palestina, sobre la lucha del pueblo Saharaui o yemení.

Llegó el año 2012. Falleció mi padre. Me aferré a Chávez como un padre, que se me fue un año después.


REFLEXIONO

Entonces, me aferré al abuelo, a sus enseñanzas profundas y sobre todo muy humanas. Era y sigue siendo parte de mis guías. Lo sigo leyendo y estudiando. Los reflexiono a ambos cuando pienso en la importancia de la unidad nuestroamericana, que es nuestra porque es de los pueblos. Cuando pienso en la paz que se logra con la conciencia. Cuando entiendo que el conflicto en Irán no es de ahora y ya lo hablaba Fidel en sus reflexiones.

En su libro contraofensiva estratégica, nos habla de que estamos en un momento excepcional de la historia humana. Nos habla de la guerra y del peligro nuclear. Nos habla del biocombustible y sus efectos. Nos habla de la pobreza no solo nuestra, sino de nuestros países como parte de un todo.


SIGO APRENDIENDO

Pero sobre todo nos habla de qué hacer. Cuando veo lo que logramos con la unidad nuestroamericana y el ALBA como alternativa al ALCA que ya era como dice Judith Valencia, un proyecto de constitución continental.

Lo reflexiono cuando pienso que en el peor momento quizás de la historia mundial, lograron unificar a América Latina y sacar la espada de Bolívar.

Este, como el de ellos, es un mundo complejo. Ellos pudieron en sus circunstancias. Nosotros podemos en las nuestras. En las batallas humanas, los reveses son parte de la vida. Solo tenemos que seguir andando y haciendo, con un propósito, con la utopía concreta robinsoniana de la que habla el libro azul, y con el horizonte claro.

Veo todo lo que lograron mi padre Chávez y mi abuelo Fidel. Veo todo lo que podemos seguir logrando. Y sigo aprendiendo del abuelo.