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El espíritu precioso que nos sostiene


Autor: Ali Rojas Olaya



El espíritu precioso que nos sostiene

Se habrán preguntado ustedes, ¿Por qué conocemos tan poco de Surinam? Les pregunté a varias personas y muchas me respondieron que era un país africano. Algunas creyeron que estaba en Asia. Uno de los más versados sabía que su capital es Paramaribo. Es posible que el desconocimiento de país suramericano que tiene poco más de 600.000 habitantes y que se independizó en 1975, se deba a barreras lingüísticas, aislamiento geográfico y dinámicas geopolíticas que lo han mantenido alejado del radar del resto de Suramérica y Latinoamérica. Surinam es el único país de habla neerlandesa en la región. Nueve hablan castellano. Uno habla portugués. Guyana habla inglés y la Guyana Francesa francés. En cuanto a la segunda razón, Surinam está separado de sus vecinos por densas selvas amazónicas. No existen carreteras principales que conecten fácilmente a Surinam con Brasil o Venezuela, y las conexiones aéreas con el resto de Sudamérica son muy limitadas. Históricamente, Surinam ha mirado hacia su antigua metrópoli, el Reino de los Países Bajos, y hacia el Caribe anglófono.


SURINAM EN LOS SIGLOS XV, XVI, XVII

En 1498, Cristóbal Colón avistó la costa de lo que hoy es Surinam. Durante la primera mitad del siglo XVII, expediciones españolas, francesas, británicas y neerlandesas intentaron fundar asentamientos, pero fracasaron debido a la fuerte resistencia de los pueblos indígenas locales, como los caribes y arawaks.


En 1651, el gobernador de Barbados, Lord Francis Willoughby, envió una expedición que logró pacificar la zona y fundar plantaciones basadas en la explotación del hombre por el hombre. La región en estos tiempos de esclavitud pasó a ser conocida temporalmente como Willoughby Land.


En 1667, durante la segunda guerra anglo-neerlandesa, las fuerzas de los Países Bajos capturaron la colonia. El control se formalizó ese mismo año mediante el Tratado de Breda, en el cual los británicos cedieron Surinam a cambio de los territorios de Nueva Ámsterdam, la actual ciudad de Nueva York. A partir de este año, los Países Bajos transformaron el territorio en una colonia de plantaciones azucareras altamente dependiente del comercio transatlántico de hombres y mujeres, seres humanos que eran cazados en África, para ser esclavizados en América.


Desde 1667 hasta el presente, para un surinamés, especialmente dentro de la población afro-surinamesa, es decir, criollos y cimarrones o maroons, el kra es la esencia espiritual más pura, el alma humana y la fuerza vital de una persona. Este concepto es un pilar fundamental del Winti, la religión y sistema espiritual tradicional de Surinam, así como del idioma Sranan Tongo que, no es solo un código de comunicación, sino la máxima expresión del kra del país con el que los surinameses se expresan con mayor autenticidad, libertad y poder espiritual. Las raíces del kra provienen directamente de la cultura Akan del occidente africano, particularmente de la actual Ghana.


EL KRA Y EL SRANAN TONGO

Durante la colonización neerlandesa de Surinam, las autoridades coloniales intentaron prohibir tanto la religión como el idioma. En este contexto hostil, el kra y el Sranan Tongo se convirtieron en las dos caras de la misma moneda de resistencia. Preservar el idioma materno era la única manera de comunicar, nombrar y mantener vivos los conceptos del kra y el mundo espiritual, protegiendo así el alma colectiva del pueblo afro-surinamés.


Gloria Wekker, Cecilia Lisa Eliceche y Leandro Nerefuh explican que “el aspecto espiritual se compone de tres elementos: todos los seres humanos poseen un kra (un alma), un dyodyo (progenitores en el mundo de los dioses) y un yoka (un espíritu)”. Para estos autores, “este último es la entidad que permanece tras la muerte de una persona”. Para ellos “Juntos, la misi/dama, la parte femenina, y el masra/varón, la parte masculina del dyodyo y el kra, constituyen el kra completo, cuya sede es la cabeza”. Nos explican que “existen otros términos para referirse al kra, siendo yeye el más común” y que “al dyodyo también se le denomina gente de apoyo o gente de cada persona” (“Mati”. Glossário de (des)identidades sexuais. Moisés Lino e Silva, Guillermo Vega Sanabria, organizadores. Salvador: Editora da Universidade Federal da Bahia, 2023, p.174)


JOHANNA SCHOUTEN-ELSENHOUT

El 11 de julio de 1910, nace en Paramaribo, Johanna Schouten-Elsenhout, poeta surinamesa y una eminente líder comunitaria que luchó por el reconocimiento de Sranan y de la cultura afro-surinamesa. En su poema Uma (Mujer), nos dice: “Noti no hei so / Lek’ a sten / D’ e bari / En’ dyugudyugu f’ a dei” (“Nada es tan glorioso/ Como una voz/ Que clama/ En el caos de un día”. En el poema “Sososkin” (“Desnuda”) nos dice: “¿Qué soy? Un terrón de tierra con alma / Un ser vivo / Un suspiro instantáneo / entre la esperanza, la fe, el amor y las bendiciones / Un chivo expiatorio / en el pasto del mundo / Madera muerta en un árbol / entre la gloria de Dios / Aún me siento / sepultada bajo el viento, el sol y la lluvia / como una fruta demasiado madura en el suelo / ¡Que la vida sea! / Desnuda nací / Desnuda moriré”.


En su poemario Awese (1965), denuncia la jerarquía racial y el desarraigo cultural impuestos por el colonialismo. En sus versos, la autora insta a buscar la identidad propia en la comunidad, alejándose de las leyes impuestas y del despojo de tierra. En el poema Awese, que le da título al libro, Schouten-Elsenhout utiliza el kra para urgir a su pueblo a buscar su verdadera identidad no en la asimilación colonial, sino en las profundidades de sus propias raíces espirituales y en su conexión con los ancestros (yeye): “No suk’ a kloru f’ yu buba [...]suk’ en de sondro koti yu yeye-atimindri den udu-bangiapu dya ini yu eygi kra” (“No busques el color de tu piel [...] búscalo sin ofender a tu alma ancestral (yeye) entre los bancos de madera, justo allí, en tu propia y vital alma (kra)”.


LA DEKOLONISATIE DEL CURRÍCULO

En 1851, Simón Rodríguez escribe unos consejos al rector del colegio de Latacunga. Entre estos le dice: “Más cuenta nos tiene entender a un indio que a Ovidio”. Hasta 1975, las escuelas de Surinam enseñaban estrictamente la historia, geografía y los “héroes” de los Países Bajos. Todos sabían dónde quedaba Ámsterdam, La Haya, Róterdam, Utrecht y Eindhoven, pero los nacidos en Paramaribo sabían muy poco de Lelydorp, Nieuw Nickerie, Moengo, Albina y Nueva Ámsterdam. Los contenidos programáticos dedicaban varias horas a estudiar neerlandeses célebres como los escritores Erasmo de Rotterdam (1466–1536) y Ana Frank (1929–1945), los pintores Vincent van Gogh (1853–1890), Rembrandt van Rijn (1606–1669) y Johannes Vermeer (1632–1675), el físico y matemático Christiaan Huygens (1629–1695) y el microbiólogo Antonie van Leeuwenhoek (1632–1723).


Sin embargo, desde su independencia, el sistema educativo hizo caso a Simón Rodríguez al transformar radicalmente sus programas bajo el “enfoque surinamés”. Esto no quiere decir que se desconozca la obra de estos europeos (Rodríguez no dice que no se lea Ovidio), de hecho se mencionan de forma general al estudiar la Revolución Científica o los movimientos artísticos en la educación secundaria, pero no tienen un lugar de prioridad ni de devoción en el sistema escolar nacional porque saben que más cuenta nos tiene entender lo nuestro.


El espíritu precioso que nos sostiene

Conocer Surinam a través de una poeta es algo. Ya tendremos tiempo de comer un pom, el plato nacional que es una cazuela al horno a base de pollo marinado, cítricos y pomtajer (la raíz del tubérculo taro). El 23 de julio de 1992, parte a la inmortalidad en la ciudad caribeña que la vio nacer, la poeta surinamesa que siempre le dijo y le seguirá diciendo a su pueblo: “Tu lengua es tu cultura y esa es la posesión más preciada de un ser humano. Si la has perdido, entonces has perdido tu fuerza vital, tu kra. Tu kra es tu propia personalidad. Puedes ser pobre, pero tienes un espíritu precioso que te sostiene”.