Autor: Ali Rojas Olaya
Violación, secuestro y robo: encontrémosle un sentido a la vida
Muchas veces nosotros los profesores y maestros debemos convertirnos en psicólogos. Hace unos días una joven estudiante aprovechó que yo estaba solo en un aula y me abordó. Al verla supe que tenía que atenderla. Guardé todo lo que estaba haciendo y me dispuse a oírla. -Profesor, unos meses antes de comenzar los estudios fui violada. Desde ese día no puedo dormir, tengo recuerdos intrusivos, pesadillas que me hacen sentir que la agresión vuelve a ocurrir. Vivo en un estado constante de alerta, sobresaltos, irritabilidad y no me puedo concentrar. No salgo porque las veces que lo hice huía. Tengo una vergüenza intensa, un miedo irracional. Desconfío de todo el mundo. A veces he pensado en suicidarme. En ese momento estalló en llanto. Abrí mis brazos y ella, sin pensarlo dos veces acudió a mi regazo. Me saqué un pañuelo del bolsillo y se lo di. Ella, ya más calmada, quedó en silencio como para escucharme.
- Una violación es un hurto violento de la voluntad. Es la invasión a la soberanía del cuerpo y del alma. Representa el instante en que el terror irrumpe en el santuario íntimo, silenciando la voz y quebrando la libertad para imponer el dominio de otro. Tú fuiste agredida y te vulneraron los derechos fundamentales y la integridad.
- Profesor, tengo dolores pélvicos, problemas gastrointestinales, disfunción sexual, tensiones musculares y trastornos del sueño. Estoy casada. Mi esposo y yo no hemos podido establecer intimidad, cuando él toma la iniciativa yo evito el contacto físico. Estoy disociada. Tengo sensación de irrealidad, me siento separada de mi propio cuerpo y de mi entorno.
- Profesor, ¿Cómo se retoma la dignidad?
- Afirmemos algo fundamental: la dignidad no se pierde por haber sido violada. El ataque atenta contra ella, pero no la destruye. Retomarla no es recuperar algo que ya no existe, sino volver a conectar con un valor que siempre estuvo ahí, aunque el dolor y la vergüenza (impuesta por la agresión y la sociedad) la hayan hecho invisible. Retomar la dignidad después de una violación es un proceso único, no lineal y profundamente personal. Yo no soy psicólogo, aunque en la licenciatura en Educación vemos asignaturas vinculadas a la psicología. Tienes que creer en tu propia inocencia: Repite de forma consciente: “No fue mi culpa. No lo pedí. No lo merecía.” La culpa es uno de los mayores enemigos de la dignidad. Separar la responsabilidad del agresor de la propia vida es el primer paso. Reclama la soberanía sobre tu propio cuerpo. Hacer pequeñas elecciones diarias sobre el cuerpo (qué ropa ponerte, si quieres o no ser tocada, cómo moverte) ayuda a restaurar la sensación de vida. Actividades como el yoga con enfoque en trauma, la danza o el ejercicio suave pueden reconectar con el cuerpo desde el respeto, no desde la revictimización. Cuéntale todo lo que me has contado a un terapeuta especializado.
- Profesor, ¿Cómo calmar el deseo de venganza?
- El deseo de venganza después de una violación es una emoción intensa, comprensible y profundamente humana. No es un sentimiento “malo” ni vergonzoso: nace del dolor, la rabia y la sensación de injusticia absoluta. Calmarlo no significa traicionarse a ti misma ni “dejar que el agresor gane”. Al contrario, significa recuperar el poder sobre la propia vida, que es justo lo que la violación arrebata.
- ¿Qué me recomienda?
- Valida la emoción sin actuar por impulso. Dite “Tengo derecho a sentir rabia. Quiero que sufra, porque él me hizo sufrir. Esto es normal”. Negar el deseo de venganza solo lo intensifica. Permitírtelo sentir, pero sin juzgarte, es el primer paso para que no te controle. Lo segundo que debes hacer es diferenciar venganza de justicia. La venganza suele ser privada, desproporcionada y a menudo termina dañando a quien la ejecuta (legal, física y emocionalmente). La justicia (legal o restaurativa) busca que el agresor asuma su responsabilidad sin que tú tengas que ensuciarte las manos. Pregúntate: ¿Qué necesito realmente? ¿Verlo castigado? ¿Que sepa lo que hizo? ¿Recuperar mi sensación de poder? A veces, una denuncia, una orden de alejamiento o un proceso restaurativo simbólico calma más que la violencia. Lo tercero que debes hacer es canalizar la rabia hacia acciones constructivas para ti.
- ¿Cómo, profesor?
- El impulso de venganza es energía pura. Si no puedes dirigirla hacia el agresor (y hacerlo suele empeorar el trauma), redirígela.
- ¿Cómo, profesor?
- Haciendo ejercicios físicos intensos (correr, golpear un colchón) para descargar la activación corporal. Escribe todo lo que le harías, con el mayor detalle violento que necesites. Luego rompe o quema la carta. Es un ritual de liberación. Convierte la rabia en pintura, música.
- ¿Qué más, profesor?
- El deseo de venganza se alimenta de la impotencia. Cada pequeña acción que recupera tu control sobre tu vida (aprender defensa personal, tomar decisiones sobre tu cuerpo, hacer planes a futuro) va apagando esa necesidad de “hacer justicia por tu mano”. La venganza es un intento de sentirte fuerte; si construyes fuerza real desde tu día a día, el impulso pierde intensidad.
- Profesor, ¿Y qué hacer si el violador, que es muy poderoso, secuestró a mi papá y a mi mamá y quiere que yo negocie bajo coacción para robarse todo mi dinero y mi casa?
- Esta situación es extremadamente grave. Has recibido una amenaza directa (el secuestro de tu papá y tu mamá), existe una coacción económica clara (robo del dinero) y, para empeorarlo, el agresor es un violador que además ejerce poder. Ante un cuadro de estas características, la prioridad absoluta es preservar la vida y la integridad de tus padres, pero sin ceder a la trampa que esto representa.
- ¿Y qué debo hacer si los demás integrantes de mi familia que viven en mi casa: tías, tíos, sobrinas, sobrinos, primas, primos, actúan como si nada me hubiese pasado?
- ¡Caramba, qué situación tan dolorosa y agotadora! Después de haber sufrido una violación, y ahora con la amenaza de secuestro y coacción, el silencio o la indiferencia de tu propia familia en casa puede sentirse como una segunda violación emocional. No es “normal” que actúen como si nada hubiera pasado. Es una forma de negación, de incomodidad, de miedo o incluso de egoísmo. Pero tú no tienes que cargar con su ceguera. Trata de entender qué está pasando en ellos (sin justificarlos). Tu violación y el secuestro rompen la ilusión de seguridad familiar. Muchos prefieren fingir que no ocurre nada para no desmoronarse. Es probable que exista una incapacidad para sostener el dolor.
- No entiendo, profesor.
- No saben qué decir, y el silencio torpe o la evitación es su forma de “no hacer daño”. También puede haber una negación como mecanismo de supervivencia. Si lo ignoran, no tienen que cambiar nada, no tienen que apoyarte, no tienen que reconocer que alguien poderoso los amenaza. En muchas familias no se habla de trauma, de violación ni de cómo acompañar. Que existan razones no significa que sea aceptable. Tú mereces apoyo, no indiferencia.
- Profesor, tengo primas y sobrinos que aman al violador. ¿No es esto una locura?
- No, no es una locura. Es una realidad profundamente dolorosa y desconcertante, pero tiene una lógica perversa que, si la entiendes, puede ayudarte a dejar de sentir que tú eres la que está mal. Lo que sientes —confusión, rabia, soledad, incredulidad— es completamente normal ante una situación anormal. Si aman al violador, también pueden tenerle miedo. Saben —aunque no lo digan— que enfrentarlo podría costarles caro: perder apoyo económico, quedar excluidas de la familia, o sufrir represalias. Es más cómodo y seguro seguir amándolo que investigar la verdad.
- ¿Has oído hablar de la disonancia cognitiva?
- No, profesor.
- Es la incapacidad de sostener dos ideas contradictorias: “él es bueno” y “él cometió una maldad”. Para resolver esa tensión, el cerebro humano a menudo elimina la idea más incómoda: la violación. Así, pueden amarlo con sinceridad, porque en su mente la violación “no ocurrió” o “no fue tan grave”.
- Me siento mucho mejor, profesor.
- Desarrolla un proyecto y aférrate a él. Hay un libro titulado En busca de sentido, también conocido como El hombre en busca de significado, que recomiendo lo leas. Es el testimonio autobiográfico y ensayo psicológico del psiquiatra Viktor Frankl. En él narra su experiencia como prisionero en un campo de concentración nazi y explica su método terapéutico, argumentando que la principal motivación humana es encontrarle un sentido a la vida.
- Profesor, me siento mucho mejor. Por cierto, ¿Cómo se llama usted?
- Alí Ramón Rojas Olaya.
- Mucho gusto, profesor, soy Venezuela, fui violada el 3 de enero de 2026.
