Autor: Prof. Alir Rojas Olaya.
Booker T. Washington (1856-1915) fue un educador, orador y lÃder nacido esclavo, que abogó por el progreso económico de su gente a través de la educación y el trabajo, fundando el Instituto Tuskegee y convirtiéndose en la voz principal de los negros en Estados Unidos hasta su muerte, dejando un legado duradero en la educación negra y un enfoque pragmático para la igualdad.
W. E. B. Du Bois (1868-1963) fue un marxista, sociólogo, activista, historiador y lÃder de derechos civiles de los negros, cofundador de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), editor de la revista The Crisis, y pionero en el estudio del racismo. Abogó por el panafricanismo y la igualdad plena.
En 1906, una comunidad del estado de Oklahoma decidió crear la comuna Greenwood en la ciudad de Tulsa, inspirada por Booker T. Washington. Para el año 1921, esta comuna era un ejemplo de convivencia, paz y prosperidad, convirtiéndose en un boyante centro de negocios y servicios, al punto que era conocida como la Wall Street Negra. Contaba con 11.000 habitantes que vivÃan en 35 manzanas, con al menos 15 médicos, una docena de sastres, siete abogados, un joyero, una fábrica de ropa y una pista de patinaje entre sus más de 240 negocios, restaurantes, cines y periódicos. La comuna participaba en el auge petrolero de la región.
Cuando W.E.B. Du Bois visitó la comuna Greenwood, a principios de 1921, quedó impresionado por lo que encontró. El afamado intelectual llevaba semanas de gira dando conferencias por el sur. En su diario de viaje, escribió sobre linchamientos brutales y barbaries tan antiguas como la propia nación; más antiguas, de hecho. Lo que captó la atención de Du Bois fue lo que su gente estaba logrando a pesar de ello. “Se nota en todo el sur, con algunas excepciones, la nueva esperanza y el poder de la gente de color”, escribió en su diario. “No se trata de una mayor fe en los blancos; todo lo contrario, es una clara conciencia de su propia capacidad”.
Greenwood representó esta “nueva esperanza y poder” mejor que casi cualquier otro lugar del paÃs. En menos de dos décadas, Greenwood se habÃa transformado de una zona árida de tierras bajas al norte del centro de Tulsa en una comuna que era el centro de la actividad económica afroamericana del suroeste.
A las 10:30 de la noche del 31 de mayo de 1921, medio millar de blancos se concentraron ante la comisarÃa, donde prestaron juramento como “asistentes de policÃa” y, con el apoyo de algunos agentes, saquearon varias armerÃas. Siguieron horas de asesinatos racistas y persecuciones callejeras a tiros contra personas negras, de crÃmenes salvajes. Un indigente ciego y con ambas piernas amputadas fue amarrado a un carro y arrastrado hasta la muerte. La jaurÃa blanca bloqueaba ambulancias para impedir la atención a las personas heridas y, tras incendiar las primeras casas de Greenwood, amenazaba a los bomberos a punta de pistola para que no sofocaran el fuego. DifundÃan bulos sobre un “alzamiento” de la comuna y la supuesta llegada de “trenes llenos de negros” para ocupar Tulsa.
A las 5:08 del amanecer del 1 de junio de 1921, sonó una sirena, una metralleta disparó y comenzó la invasión de media docena de aviones privados a modo de ‘fuerza aérea’ que lanzaba dinamita y bombas incendiarias. Durante aquellas 18 horas de la masacre racial, respaldada por miembros del Ku Klux Klan y apoyada por las fuerzas de seguridad, el procedimiento se repetÃa: los grupos blancos llegaban a una casa, saqueaban los objetos de valor y le prendÃan fuego. Previamente sacaban a la calle a sus residentes negros para llevarlos a punta de pistola a un improvisado campo de reclusión. La policÃa se limitaba a colaborar con las “detenciones”. Más de 300 personas fueron asesinadas, más de 1.000 resultaron heridas y más de 6.000 fueron detenidas. Simón RodrÃguez siempre nos dice: “Abramos la historia”. Solo asà podemos conocer al enemigo de la humanidad.
