Autor: Ali Rojas Olaya.
Materialismo dialéctico
Algunos teóricos, como el filósofo español Juan David García Bacca, la andragoga venezolana Thais Marrero, el filósofo español Manuel Granell, el pedagogo venezolano Luis Antonio Bigott y la educadora argentina Adriana Puiggrós, sostienen que el pensamiento de Simón Rodríguez presenta rasgos de materialismo dialéctico debido a su enfoque en la realidad concreta y el conflicto social como motor de cambio, incluso décadas antes de que Marx y Engels formalizaran este concepto. En 1840, Rodríguez nos dice que “los pueblos no pueden dejar de haber aprendido, ni dejar de sentir que son fuertes. Poco falta para que se vulgarice, entre ellos, el principio motor de todas las acciones, que es el siguiente: la fuerza material está en la masa y la moral en el movimiento”. Rodríguez, al hablarnos de movimiento y transformación, está considerando que la realidad no es estática, sino que está en constante cambio a través de la acción humana.
Aunque Rodríguez no utilizó el término “materialismo dialéctico”, los estudiosos identifican esta filosofía en su obra porque en su praxis política primaba lo material sobre lo abstracto, ya que el filósofo caraqueño afirmaba que de la “materia salen las abstracciones” y que para transformar la sociedad primero hay que ocuparse de las cosas materiales y tangibles. En 1832, afirma: “Una revolución política pide una revolución económica”. Para Rodríguez, la contradicción es un motor. Identificó a la sociedad americana como un espacio de conflictos agudos entre “dominadores” y “dominados”, viendo en esta contradicción la base para su proyecto educativo Educación Popular y político denominado la causa social. Para el autor de las Sociedades americanas hay unidad entre teoría y práctica (praxis). En 1828 afirma: “Los conocimientos se dividen en teóricos y en prácticos; y la teórica no es sino el conjunto de preceptos dados por una experiencia consumada — teórica sin práctica es pura fantasía”. Su método de “aprender haciendo” buscaba eliminar la separación entre el trabajo intelectual y el manual, integrando el saber con la producción material.
Rodríguez centró su ontología en el pueblo como sujeto concreto e histórico y no en esencias metafísicas. No dudemos en concluir que Rodríguez es un “filósofo dialéctico” porque su pensamiento no partía de ideales abstractos. En 1842, nos dice: “Más aprende un niño, en un rato, labrando un palito, que en días enteros conversando con un maestro que le habla de abstracciones superiores a su experiencia”. Para Rodríguez, solo con la transformación de las condiciones materiales de vida se puede alcanzar la verdadera libertad republicana.
