Autor: Ali Rojas Olaya.
La Cosiata
El 30 de abril de 1826 estalló en Valencia, Colombia, el movimiento polÃtico separatista conocido como La Cosiata, llevado a cabo por el general José Antonio Páez y Miguel Peña Páez con la finalidad de separar a Venezuela de la República de Colombia que creó Simón BolÃvar en Angostura, a orillas del rÃo Orinoco, el 17 de diciembre de 1819.
Sobre la palabra cosiata, cuenta Francisco González Guinand, en su Historia contemporánea de Venezuela, que: “el origen de la palabra viene de que en aquellos dÃas actuaba en Valencia una compañÃa dramática cuyo actor cómico, en una pieza que representaba con mucha gracia, usaba algunos derivados de la palabra cosa, diciendo quisicosa, cosilla, cosiata, aplicándolos a asuntos enmarañados; por lo cual el jefe polÃtico Mujica, al comunicar a un amigo suyo en Caracas las ocurrencias del 30 de abril, le dijo: Ha estallado la cosiata”.
El senado en Bogotá, dominado por Santander, aprobó una resolución mediante la cual se suspendÃa a Páez como comandante general de Venezuela, lo que causó un gran descontento en Valencia, lugar donde residÃa el general. ¿Por qué Santander querÃa enjuiciar a Páez? Porque Santander no soportaba que el llanero le arrebatara la conducción de las tropas en los llanos venezolanos y, para colmo, durante el acometimiento carabobeño, BolÃvar lo ascendió a general en jefe en pleno campo de Marte.
El 18 de septiembre de 1868, el general brasileño Inácio Abreu e Lima escribe una carta desde su natal Pernambuco a José Antonio Páez: “Usted, mi general, no conocÃa ni nunca pudo conocer a Santander, por lo que he leÃdo en sus memorias. Le juro que lo he conocido perfectamente en Bogotá, y puedo asegurar a usted que nunca he conocido un intrigante y un perverso tan sutil, tan fino y tan astuto. Él ha sido la causa primera de su acusación ante el Senado, él ha concurrido para la desmoralización y revuelta del ejército de Colombia en el Perú y Bolivia, asà como para el atentado de 25 de setiembre en Bogotá, y dejó plantado el germen de la revolución de Córdoba en MedellÃn y del asesinato de Sucre, porque él estaba en inmediatas relaciones con López y Obando”.
Una cosa es la Colombia que anhelaba BolÃvar y otra la que ansiaba Santander. Lo que sà es definitivo es que el 10 de diciembre de 1830, BolÃvar nos imploró su último deseo: “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.
