Autora: Luz María Escarrá Gil
Otro Quesillo para Carlos Escarrá Malavé
Con frecuencia, la cotidianidad no nos permite apreciar lo que vivimos, hacemos, construimos y, es por eso, que hay días que, por su intensidad emocional, nos obligan a detenernos y, en un aliento, a procesar lo que ocurre.
En el marco de la vicisitud de intentar infructíferamente de acceder a un espacio que sentí hogar en algún momento de mi vida, el día de su cumpleaños, durante las horas de espera, me permití detenerme y asentar pensamientos y sentimientos en mi celular, en ese sentido, escribí algunas líneas sobre lo que implicaba papi hoy, en mí, para mí, desde mi visión; recordé haberme propuesto comer un quesillo, aunque no sería lo más saludable; y, sin lugar a dudas, me confluyeron en modo de nudo en la garganta, un conjunto de roles en los que lo aprecié y en los que me guía, siendo parte de quien soy y, por ende, de quienes se forjan al calor de mi ejemplo.
Surgieron estas líneas que quisiera completar, a la luz de la experiencia tan hermosa vivida el viernes pasado, en un encuentro para intercambiar anécdotas, experiencias, expresiones en torno a papi, organizado por mi hermana Carolina, desde la Escuela de Formación Integral Carlos Escarrá Malavé -Eficem-, de la Asamblea Nacional, para lo cual contó con el cariñoso apoyo de la Comunidad de Aprendizaje, la Coral de la Asamblea Nacional y la Casa de la Historia Insurgente.
Iniciamos con un corte ecuménico y agnóstico también, con una visión clara de la confluencia de lo social y lo espiritual, seguido de unas hermosas canciones que generaron las mejores condiciones para lo que sería un espacio donde vi a papi en muchas dimensiones, en su integralidad y no puedo más que seguir agradeciendo, a quienes asistieron, a quienes no pudieron pero nos acompañaron desde la distancia y a todos quienes me han venido contando anécdotas que me permiten completar la idea de quién es este ser humano tan maravilloso a quien tengo el privilegio de llamar papá.
Luego de que habláramos sobre su paternidad siempre en formación, donde cada canción de protesta se convertía en una clase, cada cancha deportiva en un hecho político y cada poema en un compromiso con la humanidad; tuvimos la oportunidad de hablar del constituyente que se forjó desde muy temprana edad, con mujeres espectaculares que le dieron una visión única, iniciando con mi abuela Gladys “La Bolivariana” y “su Luz”, y continuando con tantas otras que participaron en su desarrollo humano, como lo fueron Norita, María, Noelí, entre tantas y tantos que colaboraron con la construcción de ese gran ser, quien planteaba una visión bolivariana desde lo político-social y jurídico que llamaba a la reflexión sobre la democracia bolivariana y a la relación necesaria entre Estado y sociedad, la necesidad de una nueva geometría de poder que va más allá de la reivindicación de las cinco ramas del Poder Público Nacional, vislumbradas por Bolívar, sino que va al fondo con la democracia participativa y protagónica, con la soberanía popular y su consecuente proceso político constituyente continuado, pues el Poder Popular es dinámico y su ejercicio debe ser cotidiano; las bases que forjó para que así lo pudiéramos concebir, ejercer y disfrutar hoy, sus ideas y sus aportes, van más allá del hemiciclo legislativo, plasmados en las Leyes del Poder Popular, entre muchas otras en las que su trabajo fue determinante, sino que toma sus raíces, en la infinidad de asambleas que en el ejercicio del parlamentarismo social de calle y con la visión protagónica del pueblo legislador, logró dar forma a lo que hoy son las bases que nos permiten haber participado en la consulta popular del 23-N, sabernos soberanos, y comprender que ello implica, sin lugar a dudas, una responsabilidad con las generaciones futuras, al preservar la soberanía y la independencia que tanto ha costado.
Su incansable actividad parlamentaria y docente no le es indiferente al pueblo, por lo que hay infinidad de comunas que llevan su nombre a lo extenso del territorio, órdenes que, con su nombre, resaltan la labor no solo de servidores del “Sistema de Justicia”, que va mucho más allá de las abogadas y los abogados, sino que trascienden al liderazgo en pro de la construcción del hombre y la mujer imprescindibles para la construcción de ese mundo necesario, cuyos valores bolivarianos de justicia y paz deben ser guía indiscutible.
Las anécdotas ahondaron sobre su Militancia en la Esperanza, se vio reflejada en las aulas, en el hemiciclo, en las canchas deportivas, en las casas con el cafecito infinito, brindado en el marco de tertulias sobre la construcción de lo que hoy vemos tangible y cuyas anécdotas son infinitas. Fue una militancia construida desde lo humano, desde el amor, desde su paternidad en la más pura expresión del padre infinito que, al tener un hijo tiene a todos, por lo que fue expresado acertadamente que la generación de oro hoy tiene su estampa, su verbo, su forma, y en ella se nombraron interesantes personas pero, para evitar omisiones, y con estas herir susceptibilidades, resaltaré a 2, ninguno fue su alumno en aula, pero ambos le dijeron profe y, lastimosamente, hoy no están físicamente, pero siguen presentes en el ejemplo, en la referencia y en el corazón de quienes tanto les quisimos, hablo de Robert Serra y Xoan Noya, ambos presentes, ambos de oro y ambos ejemplo de cómo ese “Maestro de Maestros”, como se refirió Chávez de papi, trascendía el profesor de aula, y se constituía en Llamarada.
En las anécdotas quedó claro que era, es y seguirá siendo el abogado de la Revolución, el abogado del pueblo, el soldado de la ley, el Camarada Llamarada y, sin lugar a dudas, el Abuelito Camarada, que con sus poemas en aviones de papel fue sembrando corazones, hoy son flor, semilla y sombra, para quienes, por los giros de la vida, no pudieron conocerlo directamente, pero que tienen el privilegio de conocerlo mediante terceros, pues la huella que dejó, quedó marcada en el corazón del pueblo. A través de los narradores populares, de la documentación, de su contribución para la defensa de Venezuela; ello quizá no se vea en algunos espacios, pero está en la conciencia del pueblo, que es donde más importa, en la anécdota de “los camaradonski”, de los padres, madres e hijos que comentan cómo influyó en quienes son hoy, en quienes con los grandes cargos y sin ninguno, se sintieron apoyados con su conocimiento, con sus posibilidades en el momento pero, por sobre todas las cosas, con su atención y disposición, porque fue ese “necio”, que sabiéndose seguido por la parca, decidió seguir caminando y siendo el grandioso ser humano que fue, forjador de las mejores bases que nos permiten mantenernos en victoria, en paz y en consolidación del Socialismo Bolivariano.
¡Por los senderos que Chávez y Carlos Escarrá Malavé nos dejaron, sin lugar a dudas Seguiremos Venciendo!
