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Flores de Ceniza: Memoria Viva de Hiroshima y Nagasaki

 Autor: Gerardo Ruben Wilson.


Flores de Ceniza: Memoria Viva de Hiroshima y Nagasaki

Esta semana le cedo el espacio al profesor Gerardo Wilson, historiador y amigo, quien me envió este texto sobre Hiroshima y Nagasaki, un espacio de la historia que es menester revisar para no olvidar, no solo el hecho, sino sus consecuencias para la humanidad.


Lo es, especialmente, en estos tiempos en los que la propia humanidad se vuelve a debatir entre la vida y la muerte, entre la paz y la nada, entre la humildad y la arrogancia, entre los líderes y países que le abren la puerta a la multipolaridad con respeto, frente al sionismo y fascismo que intenta mantener viva la hegemonía capitalista cargada de supremacismos hipócritas.


Decía Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Porque sigue viva la memoria de Hiroshima y Nagasaki, cedo el espacio. Nos encontramos la próxima semana. Buena lectura. CEG


Amanecer sin sol

6 de agosto de 1945, “el cielo estalló en mil soles falsos. Hiroshima, ciudad de ríos, se convirtió en un crisol de sombras. Nagasaki, tres días después, vio cómo la luz devoraba el tiempo. Bajo el hongo de fuego y olvido, la humanidad perdió su inocencia.”


I. VOCES DESDE EL INFIERNO

Los hibakusha, es decir sobrevivientes de las bombas en japonés, llevan 80 años siendo guardianes de la memoria. Sus relatos, recopilados por organizaciones como Nihon Hidankyo (Premio Nobel de la Paz 2024), son ventanas al horror:


- Toshio Tanaka (Hiroshima, 6 años en 1945): “Miré al cielo y vi un resplandor tremendo. Todo se puso blanco. Después, vi una multitud de gente agonizando. Caminaban en silencio, con los brazos extendidos, la piel quemada les colgaba de los dedos. Parecían fantasmas”.


- Sumiteru Taniguchi (Nagasaki): “El lugar se convirtió en un mar de fuego. Era el infierno. Cuerpos quemados, voces pidiendo ayuda desde edificios derrumbados, personas a quienes se les caían las entrañas…”.


- Masako Wada (Nagasaki): “Han pasado 80 años, pero nada ha cambiado. No se ha aprendido nada de nuestra experiencia”.


II. CIFRAS QUE ESTREMECEN

Ciudad: Hiroshima. Muertos Inmediatos año 1945: 90.000; Muertos totales, finales de 1945: 166.000; Sobrevivientes Registrados 2024: 140.000.


Ciudad: Nagasaki: 60.000 Muertos Inmediatos 1945; 80.000 Muertos Totales, finales de 1945; 70.000 Sobrevivientes Registrados 2024 (incluidos en Nihon Hidankyo).


Total víctimas: Entre 210.000 y 246.000 al terminar 1945. El 90 por ciento eran civiles, incluyendo 12 prisioneros de guerra aliados en Hiroshima y ocho en Nagasaki. A largo plazo, miles más murieron por cáncer y enfermedades vinculadas a la radiación.


III. EL DEBATE HISTÓRICO

Historiadores venezolanos como Carmen Bohórquez destacan que las bombas consolidaron a EE.UU. como superpotencia e iniciaron la Guerra Fría: “Fue un mensaje a la URSS: el nuevo orden mundial se definiría por el poder nuclear”.


En EE.UU., el consenso se divide: Michael Gordin (Princeton): “Tan pronto supieron que la bomba funcionaría, asumieron que la usarían”. Críticos como el historiador estadounidense Gar Alperovitz argumentan que Japón ya negociaba su rendición y las bombas fueron un “experimento geopolítico”. Sociólogos como el estadounidense C. Wright Mills denunciaron que el “complejo militar-industrial” post-1945 usó la amenaza nuclear para justificar intervenciones en América Latina (golpes en Guatemala, Chile) y Asia (Vietnam).


IV. 80 AÑOS DE CENIZAS A LUZ

1. La Fuerza del Espíritu Colectivo (Wa): Ante lo impensable, la sociedad japonesa encontró unidad. El concepto de “wa” (armonía, cohesión social) se convirtió en un pilar. Hubo una movilización nacional, no para la guerra, sino para la reconstrucción. Comunidades enteras se levantaron hombro con hombro, compartiendo escasez y esperanzas, priorizando el bien común sobre el individualismo inmediato. Fue una resiliencia “compartida”, arraigada en la cultura y fortalecida por la adversidad extrema.


2. Educación e Inversión Humana: Japón entendió que su único recurso abundante era su gente. Apostó de manera audaz por una educación pública masiva, rigurosa y orientada a la excelencia. Cultivó una fuerza laboral altamente capacitada, disciplinada y con un profundo sentido de responsabilidad. La inversión en conocimiento se convirtió en la semilla del futuro.


3. Innovación y “Kaizen”: La necesidad desesperada de reconstruir todo, desde las infraestructuras hasta la economía, alimentó una cultura de innovación constante. El concepto de “kaizen” (mejora continua) impregnó fábricas, oficinas y escuelas. La búsqueda implacable de la eficiencia, la calidad y la miniaturización (necesaria por la escasez de recursos) llevó a Japón a liderar industrias como la electrónica, la automoción y la robótica. Transformaron la escasez en ingenio.


4. Política Económica Orientada al Crecimiento: Con apoyo estratégico (como el famoso Ministerio de Comercio Internacional e Industria - MITI) y un modelo enfocado en la exportación, Japón canalizó su energía productiva hacia el mundo. Empresas que hoy son sinónimo de calidad global (Toyota, Sony, Panasonic, entre muchas) surgieron o se fortalecieron en esta época, impulsadas por un ethos de trabajo incansable y perfección.


Un Símbolo de Transformación Pacífica: El hecho de que esta potencia emergiera sin revanchismo, enfocada en la construcción pacífica y la cooperación internacional, añade una capa adicional de admiración y legitimidad moral a su historia.


V. EL LEGADO NUCLEAR

Hoy existen 12.300 ojivas nucleares según la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, 2024). Conflictos como el que viven la Federación Rusa y Ucrania reviven la amenaza: Putin ha insinuado su uso si percibe riesgo existencial. El “Reloj del Juicio Final” marca 89 segundos para la medianoche (2025), el punto más crítico desde 1947.


Izumi Nakamitsu (ONU) advierte: “El riesgo de conflicto nuclear aumenta. Las armas se usan como herramientas de coerción”.


VI. UN GRITO POR EL FUTURO

La organización de hibakusha, ganadora del Nobel de Paz 2024, insiste: “Nuestro mayor desafío es cambiar a los estados nucleares. Las armas no traen paz: si EE.UU., China, Rusia o Israel las usan, no será el fin”.


En Hiroshima, árboles de caqui sobrevivientes al bombardeo hoy tienen retoños en la sede de la ONU en Nueva York: símbolos de resiliencia.


Reflexión final: Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no son solo historia. Son un espejo del presente: Corea del Norte amplía su arsenal, Irán resiste sanciones, y potencias modernizan sus ojivas. Como escribió el poeta Toge Sankichi, sobreviviente de Hiroshima: “Dadme agua, ¡agua! ¿Quién arrebató mi voz?”.


Hoy, la voz de los hibakusha nos invita a exigir un mundo donde la diplomacia reemplace al miedo nuclear. Porque, como advirtió Oppenheimer al crear la bomba: “Ahora me he convertido en la Muerte, destructora de mundos”.